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lunes, 9 de julio de 2012

Educación atemporal

Diversas circunstancias -el feriado, el desayuno tardío con mi hijo, sus opiniones acerca la excelente presentación de Gonzalo Frasca en TED- me hicieron pensar en escribir un rato después sobre Educación. Como contexto, mis dos hijos fueron al Colegio Nacional de Buenos Aires, para mí un bastión de la vieja excelencia argentina, para otros un anacronismo del enciclopedismo. Frasca en su charla repite: jugar, aprender en el error, inventar nuevos caminos. Ambas situaciones -el CNBA y los aspectos lúdicos de Frasca, el estudio del Latín y el SuperMario- parecen distantes.

Me considero un medieval tardío. Me gustan las viejas cosas bien hechas, y a la vez quiero estar al tanto de las tendencias, y saber elegir. Nunca voy a tener el último gadget, ni el más caro, ni lo voy a exhibir. A lo sumo estaré secretamente orgulloso de mi biblioteca, y de mis amigos. La Física me hizo estudiar para el caso general, más que para el particular. Soy un dinosaurio con alguna aspiración de entender lo que ocurre. Allá vamos, entonces, con una vana pretensión de atemporalidad.

La educación ideal para mí debería mantener el núcleo duro del "viejo" enciclopedismo. Saber leer, entender, hacer cuentas, enfrentar la dificultad. A esto le sumaría el espacio para aprender haciendo -a lo Frasca-. Evitaría concesiones gratuitas, daría el ejemplo (enseñar a pescar sin dar el pescado), no rompería con lo viejo, no entregaría laptops porque sí. De paso, cada vez más me refieren anécdotas negativas sobre los planes "uno a uno" en Argentina. Revisaría por qué ya no hay premio ni castigo, y examinaría por qué no existe en Argentina -y por lo que me cuentan, en ambas márgenes del Plata- siquiera el menor vestigio de autoridad.

Tal vez porque mi madre era uruguaya -eso comparte con Frasca- y me hablaba siempre de la Pequeña Suiza que era Uruguay hacia 1950 me viene esa aspiración a combinar valores. Ella se refería a sus tardes de estudio en el Hospital de Clínicas mientras miraba de lejos los partidos en el Centenario. Allí convivían la excelencia y la diversión. Será de allí que viene mi necesidad de hallar el balance en la Educación? Por ahora disfruto lo que me cuentan mis hijos del CNBA y sugiero a los docentes ver el video de Frasca.

martes, 5 de mayo de 2009

La intersección entre los gamers y Facebook

Digámoslo rápidamente: no soy un gran gamer. Las razones son variadas: el juego en red me llegó tarde, prefiero las cuestiones comunicativas a las lúdicas, me aborrezco aún si paso media hora en una Play Station. Siento que perdí el tiempo.

La figura muestra la competencia entre Zynga y Playfish entre los Top25 "juegos más jugados" de Facebook. Me da curiosidad el #2 de Pet Society, aún entre "gente grande". Alguien recuerda NeoPets y la culpa de los niños que se van de vacaciones, y la mascota que muere de inanición virtual? El driver es la culpa, como en tantas otras ocasiones...

Creo que los juegos de Playfish, en particular, son excelentes. En algunos de ellos se aporta algo más que mera destrucción o habilidad. GeoChallenge es la mejor lección de Geografía que haya soñado, Biggest Brain es sencillamente adictivo en sus 4 o 5 facetas... y ambos tienen en común el gen viral de Playfish, que tras el juego desata la idea de compararte con tus amigos, con los gamers de tu país, etcétera. Y se va más allá; uno se pregunta cómo hacen ciertos cráneos para batir records, aparecen algunos trucos non sanctos computacionales, pero queda la certeza de que el Gaming crecerá con otros terminales -tal como lo muestra este video de Biggest Brain en el iPhone-.

En la educación argentina existe el argumento sospechoso de que el Gaturro de Nik es la última esperanza en términos de lectura pues "los chicos lo piden en la Escuela". Tal vez haya algo parecido en algunos juegos de Facebook: son un cebo que atrae a los chicos hacia ciertos contenidos. Tal vez eso, o más bien algo más humano, como la curiosidad o la competencia. Y eso logra que hasta un declarado no-gamer como quien suscribe se aproxime a estos juegos. Y basta, me voy a jugar un Minigolf.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Browsers, ventanas, y caballos de Troya.

A la profusión de artículos sobre la irrupción de Chrome, el navegador de Google, no agregaré nada; o tal vez sí, la reseña de Denken Uber. Me interesa más la pasión de los últimos años por reflejar la actividad humana -lúdica, profesional, afectiva- en esa aún pobre metáfora que es la ventana de nuestro monitor.

Sherry Turkle, en su libro "Life on the Screen", planteaba esa metáfora donde no había leyes de física para los video games -pero sí las del software, a pesar de que hay bugs en todos los juegos, como en el ejemplo del PacMan-, ni existe la misma psicología que gobierna nuestras relaciones off-line. Sin embargo la lucha por imponer browsers tiene algo de lúdico y algo de lucha de poder, por un objeto que se descarga gratis. Es como si a cada día surgieran nuevos aparatos de televisión que ofrecieran gratis para que se vieran mejor ciertos contenidos.

Ocurre que los browsers gobiernan la forma en que se ve la Web -en ciertos aspectos que pueden parecer menores- y el funcionamiento de cuestiones que corren por debajo, desde máquinas Java hasta ofertas de ciertos contenidos futuros o aplicaciones. Los browsers son, entonces, el caballo de troya por donde baja lo que vendrá. Y por eso Mozilla ahora sufrirá el desembarco de Google en su propia playa, aunque nadie ha demostrado aún que Firefox sea menos que Chrome.

viernes, 13 de julio de 2007

Chinese Gold Farmers Preview

Dos mil años atrás había galeotes: esclavos encadenados remando en viejos navíos.

Hace sólo diez años se pagaba miseria por clickear en banners, distorsionando la economía del pay-per-click.

Ahora ocurre lo mismo con esta gente a la que se paga por jugar. Ellos qué dicen? "No hay patrón, no hay empleado, hay 40 dólares por mes. Y al menos jugamos".

(Gracias a Jorge O. por el dato)